NO QUEDAN CHICAS SALVAJES

 

… y tú me das a escoger entre dos vertederos y yo escojo el de Vallecas y esperando allí la hora mágica yo te digo, voy a Tánger en busca de Saint-Exúpery, el del Principito, ¿conoces el pasaje del zorro? Y tú me pides que te lo cuente y yo sonrío, no sé si lo haré bien, así que intento poner orden a mis pensamientos, empiezan con un rosal, tú me dijiste que el camino a mis labios estaba lleno de espinas y yo te hablé de ciertas rosas que necesitan su tiempo para abrirse y lucir hermosas y tú de rosas que se marchitan y cogí un avión y ahora estoy subida en la aureola de esta teta, la teta de Vallecas, apenas un murmullo es Madrid, apenas unos minutos la hora mágica, y trato de ordenar mi caos y explicarte el pasaje del zorro. Pues bien, digo, el principito se encuentra con un jardín de rosas y se pone muy triste porque le recuerdan a la suya, a la que él creía que era única en el universo. Entonces aparece el zorro. El principito le dice que está muy triste y le pregunta si quiere jugar con él, a lo que el zorro le replica que no puede, que no está domesticado. El principito no entiende qué significa estar domesticado y el zorro se lo explica. Entonces el zorro le pregunta al principito si estaría dispuesto a domesticarle a lo que el principito le responde: ¡venga! (yo, en este punto, me hago un poco de lío, tiro de la elipsis y voy a lo que quiero explicar). El zorro le dice que tiene que venir siempre a la misma hora, de esta manera él se pondrá contento una hora antes de la cita y así, cuando al fin aparezca, él será el zorro más feliz de la Tierra. Pero para cuando el zorro está domesticado (y aquí me lanzo al finiquito) el principito se larga, y exclamo: ¡qué cabrón el principito! Y tú dices, sí, qué capullo…

Reúno monedas para una propina en la azotea del hotel Muniria o de la pensión Tanger Inn. Abajo, el puerto y los estertores de la medina. Esta ciudad es una maricona vieja, una puta ajada. No quedan chicas salvajes en Tánger y, si las hubo alguna vez, huyeron lejos, a Casablanca, dejando a Juanita Narboni, bien borracha y bien sola, esperar el reposo en Bubana. No quedan chicas salvajes en Tánger. En esta ciudad no hay espacio para las mujeres. Alguien olvidó un cús-cús aquí arriba, posiblemente el joven soñoliento que nos muestra el hotel Muniria o la pensión Tanger Inn, lo mismo da. El almuerzo desnudo, bromean mis compañeros de viaje (son escritores, ellos). Y yo les diría, dejad ya de buscar a Borroughs y a Bowles, ¿acaso es que nadie se ha dado cuenta de que sus fantasmas ya no moran esta ciudad? Y a mi mente loca le vienen los versos de Lord Byron, un romántico, ya ves tú (we’ll go no more a roving, so late into the night), pero soy de guardarme mis pensamientos por desordenados, inagotables compañeros de este otro viaje por los océanos de mi pequeño mundo interior (y los macarrones recién comidos y mi madre muerta) Sin embargo, hace apenas unos minutos me dejé fotografiar en una habitación de sofoco al que le hubiera venido bien uno de esos tristes ventiladores que aspavientan sus aspas en el techo. Posé frente a su única ventana, con una persiana a medio subir pero la hoja echada y cubierta por una cortinita blanca y liviana, qué quieta me pareció la cortinita sin un pálpito de viento hercúleo que la inflara (no more a roving) Sucedió, apenas unos minutos atrás que esbocé una sonrisa para esa instantánea cuando el desierto desde aquí es tan solo un “mirage” y puede, puede que Saint-Exúpery jamás pisara esta ciudad.
Durante la noche, alguien me pedirá que recite aquello de “ya no vienen perros a mearse en mis esquinas, ahora paseo sola o eso escribo en mi biografía”, pero el tiempo de los réquiems ya pasó. Yo ya enterré a un marido, ya marchitó el arrayán que deposité sobre nuestra tumba. Durante la noche bailaré en esta ciudad de hombres; lo haré por tres hermanas que llenaron sus tazas de té con arena del desierto. Y serena y borracha tararearé. Solitaria en mi camino hacia el hotel para europeos donde duermo el viaje, algún joven se acercará para ofrecerme sexo, tea in the Sahara with you, tea in the Sahara with you. Bajo un cielo protector es que ahora paseo, pero eso nadie lo sabe, y me gusta cómo se espira la hache en Sahara, me gusta el desierto sin su acento.
Alguien me pregunta qué he leído últimamente. Respondo que a Chuckry, a Ángel Vázquez, a Paul Bowles y a Borroughs, naturalmente, pero que no he tenido tiempo para Mathias Énard, apenas unas cuantas páginas de su “Calle de los ladrones”. Y luego añado a la Rodoreda: me he leído sus novelas menores. Al final tuve que abandonar su lectura, confieso, me deprimían soberanamente: “m’he passat la vida enterrant enamoraments”, decía la protagonista de “El carrer de les Camèlies”. ¿Qué escribiré sobre este viaje?, quieren saber.

… y los macarrones recién comidos, y mi madre muerta hace ya algunos años y mi padre casado con otra y tú que te acercas descalzo y me coges de la cintura y al oído me susurras: ¿follamos? Y afuera un palomo infla el papo y corteja a la paloma y la monta, con este calor que hace, pienso, y me levanto la falda y te digo, sí, venga, follamos. Y lo hacemos a lo William Borroughs en esta, la siesta de la rana. Pataleo silenciosa en ancadas largas: clavada así en tu anzuelo miro al techo y en el techo no hay nada…

Le entrego la propina al joven soñoliento que nos acompaña a la puerta (que sea hotel o pensión no tiene importancia alguna, y que muera la habitación de Borroughs de aburrimiento, tampoco). Mañana compraré una fotografía antigua de Tánger, en el hotel Continental, le pondré un sello y en ella escribiré una dirección y tres puntos suspensivos. Luego, dejaré esta ciudad.

 

Ana

 

 

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LORD BYRON

LORD BYRON

El gran poeta romántico inglés George Gordon, conocido como Lord Byron, nació en Londres en 1788 y falleció por enfermedad desconocida en Missolonghi (Grecia) a los 36 años. Tuvo gran influencia en los poetas de su tiempo y posteriores aunque fue muy controvertido en Inglaterra por su caracter rebelde. Abandonó su país a los 28 años para no volver en vida. Su corazón y sus pulmones se quedaron en Grecia y el resto del cuerpo regreso a Inglaterra pero no lo enterraron en Westminster por haber tenido una vida demasiado escandalosa para los parámetros sociales de la época.
En su sepulcro se puede leer:

Cuando pases por la tumba donde mis cenizas se consumen, ¡oh!, humedece su polvo con una lágrima

Y uno de sus poemas más famosos es el llamado

SO, WE’LL GO NO MORE A ROVING…

Se trata de un poema muy bello, de despedida y que aparece en dos de las obras cumbres de la ciencia ficción del siglo XX. Bradbury lo incluyó en sus “Crónicas marcianas” y lo mismo hizo John Wyndham en “El día de los trífidos”
La nostalgia se destila en todas y cada una de las palabras del poema.

So, we’ll go no more a roving
So late into the night,
Though the heart be still as loving,
And the moon

For the sword outwears its sheath,
And the soul wears out the breast,
And the hearth must pause to breathe,
And love itself have rest. be still as bright.

Though the night was made for loving,
And the days return too soon,
Yet we’ll go no more a roving
By the light of the moon.

Así es, no volveremos a vagar
Tan tarde en la noche,
Aunque el corazón siga amando
Y la luna conserve el mismo brillo.
Pues la espada gasta su vaina,
Y el alma desgasta el pecho,
Y el corazón debe detenerse a respirar,
Y aún el amor debe descansar.
Aunque la noche fue hecha para amar,
Y demasiado pronto vuelven los días,
Aún así no volveremos a vagar
A la luz de la luna.