A QUIEN CORRESPONDA

En el campo de lavanda

Conocí a Teresa Martín Taffarel hace años en el Ateneo. Estaba sentada alrededor de una mesa enorme, cuadrangular, en un aula empapelada de libros. Era la profesora de Cuento I. Allí entre alumnos, vitrinas y bustos de escritores bigotudos parecía tan frágil y etérea como un espíritu de los bosques. Pero todo cambió cuando empezó a hablar. No, no es un tópico, quien la conoce sabe que lo que digo es cierto. Cuando habla te trasporta, hace lo que quiere contigo, tiene la misma fuerza y poder de aquel flautista que hacía bailar a las ratas cuando tocaba la flauta, quizás es una mala comparación eso de las ratas, pero lo del flautista es verdad. Cuando ella leía un cuento, aunque fuera uno triste y fofo de alumno principiante, lo engrandecía y hacía que sonara tan bien que incluso parecía bueno. Todos deseábamos ser leídos por ella en voz alta.

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CINE Y JAZZ: LA TROMPETA MÁGICA DE MILES DAVIS

En marzo de este año, en este mismo blog, hicimos un post conmemorando el aniversario de una grabación legendaria de la música de jazz, probablemente el mejor disco de jazz de la historia: “Kind of blues”
Hoy traemos aquí a su autor, una de las leyendas del jazz moderno: Miles Davis.

Portada de uno de los discos de Davis grabado en 1958

Portada de uno de los discos de Davis grabado en 1958

Davis nació en Alton, Illinois, el 26 de mayo de 1926 y fue compositor y uno de los músicos más influyentes e innovadores del jazz del siglo pasado. Tocaba la trompeta extrayendo del instrumento un sonido peculiar apoyado en la sordina de acero. Destacó en todas las vertientes del jazz hasta su fallecimiento en Santa Mónica el 28 de setiembre de 1991, hoy hace veinticuatro años.

En esta ocasión no nos vamos a extender en su obra jazzística que fue, como hemos dicho, muy significativa, nos vamos a detener en un aspecto diferente: su relación con el cine.

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Hasta “Un tranvía llamado deseo” el jazz no formaba parte de las bandas sonoras más que como música incidental. Posteriormente otras películas americanas encontrarían en el jazz la mejor expresión musical que acompañara sus imágenes, como “Anatomía de un asesinato” o “El hombre del brazo de oro”, pero no sería hasta 1958 y en una película rodada en Francia, donde el jazz encontraría su mayor nivel cinematográfico, siendo su autor Miles Davis. El director francés Louis Malle había rodado su primera película basada en una novela del género negro del escritor Noel Calef, la novela, al igual que la película, se llamaba “Ascensor para el cadalso” y estaba interpretada por Jeanne Moreau y Maurice Ronet. Para terminarla era necesaria la intervención de un músico que creara la banda sonora. Miles Davis estaba en aquellos días en París ofreciendo una serie de conciertos. París era la capital europea del jazz, con un afecto especial por el jazz negro, en aquellos años todavía marginado hasta cierto punto en los Estados Unidos. En París, Davis era un ídolo y cuando Malle le ofreció la posibilidad de componer la música para su película aceptó la oferta y de esa simbiosis, cine y jazz, surgió la que para muchos aficionados y críticos es la mejor banda sonora de jazz de la historia del cine.

Miles Davis junto con la cantante francesa Juliette Gerco

Miles Davis junto con la cantante francesa Juliette Gerco

La noche del 4 al 5 de diciembre de 1957, Davis, como solista y acompañado del batería Kenny Clarke y un piano, un saxo y un bajo tocados por músicos franceses se encerraron en un estudio musical parisino y proyectando en una pantalla, de forma continua, todas las escenas de la película, fueron improvisando en el más puro estilo jazzístico con la vista puesta en la pantalla. Un testigo de excepción, el escritor Boris Vian, estuvo aquella noche en aquel lugar, junto con los actores y el director y pudo relatar la experiencia y el ambiente relajado que se consiguió.
La música refuerza las imágenes urbanas del París en blanco y negro que aparecen en la película. Es un personaje más, una voz en off que muestra los sentimientos de los personajes y los giros de la trama. Su trompeta está trufada de matices, nos enseña las dudas, la desesperación, la pasión… El bajo acompaña siempre a Maurice Ronet, en cambio a Jeanne Moreu se la asocia siempre con la trompeta. En las escenas en las que ella camina por las calles de París buscando a su amante, la música de Davis se transforma en el propio deambular inoculando al espectador una inquietante incertidumbre. “Ascensor para el cadalso” constituye una magnífica fusión entre cine y música.

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En el video que acompañamos se puede apreciar lo que explicamos, se trata precisamente de la escena en la que la protagonista camina por el París nocturno acompañada por la magnífica trompeta de Miles Davis.

LUIS CERNUDA: POETA EN EL EXILIO

Quisiera estar solo en el sur
Quizá mis lentos ojos no verán más el sur
de ligeros paisajes dormidos en el aire,
con cuerpos a la sombra de ramas como flores
o huyendo en un galope de caballos furiosos.

El sur es un desierto que llora mientras canta.
Y esa voz no se extingue como pájaro muerto;
hacia el mar encamina sus deseos amargos,
abriendo un eco débil que vive lentamente.

En el sur tan distante quiero estar confundido.
La lluvia allí no es más que una rosa entreabierta;
su niebla misma ríe, risa blanca en el viento.
Su oscuridad, su luz, son bellezas iguales.”

Sus primeros poemas

Sus primeros poemas

El 21 de setiembre de 1902 nacía en Sevilla, Luis Cernuda Bidou, uno de los mejores poetas de la Generación del 27. Cernuda también fue destacado crítico de literatura, dramaturgo y, en ocasiones, profesor de literatura en escuelas y universidades extranjeras. Se exilió durante la Guerra Civil y nunca volvió a España. Desarrolló su labor docente y creadora primero en Inglaterra, después en los Estados Unidos y finalmente en México, donde falleció en 1963, a los 61 años.
Al igual que García Lorca, del cual fue amigo y compañero de generación, Luis Cernuda no ocultó su homosexualidad por lo cual, dada la mentalidad cerrada de la España de aquellas décadas, siempre fue mal considerado. En uno de sus últimos poemas, incluido en el libro “Desolación de la Quimera” publicado en México en 1962 decía de España: «un país donde todo nace muerto, vive muerto y muere muerto».

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La poesía de Cernuda es meditativa y su evolución, a lo largo de su vida, fue muy marcada. En la primera etapa creaba una poesía clásica con especial atención a dos temas que no abandonaría: Eros y Amor.
Enseguida mostraría su apego por el surrealismo y el simbolismo imperantes en la poesía francesa que tanto influyó en él: Valery, Verlaine o Mallarmé, sin olvidar su gran referente, el también sevillano Becquer. En esta etapa surge uno de sus principales poemarios “Los placeres prohibidos”, donde reivindica abiertamente la homosexualidad. En esta etapa es cuando se identifica más íntimamente con sus compañeros de la Generación del 27: Salinas, Alberti, Altolaguirre o García Lorca.
Después del exilio, una vez en Inglaterra, abandona el neoromanticismo y el simbolismo de los años de juventud y estimulado por los poetas ingleses del siglo XVII, los llamados metafísicos y por T.S. Elliot, escribe uno de los más bellos libros de poesía sobre la Guerra Civil: “Las nubes”.

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Por último y ya en México su poesía evoluciona esquematizándose y dando más importancia al fondo, al concepto que a la ornamentación literaria. Su plenitud se alcanza con el poemario ya comentado “Desolación de la Quimera”.

Los temas más caros de Luis Cernuda: El amor en primer lugar en todas sus formas, pero también la soledad, la búsqueda de la perfecta belleza o el sentimiento de la diferencia.
Otro tema muy querido por Cernuda es el discurrir del tiempo con su inevitable nostalgia por la infancia perdida y la felicidad que se tuvo y que ya no se tiene.
Por último, la naturaleza. El poeta sevillano defiende la idea de que se puede vivir en armonía con el mundo natural en contraposición con el caos de la realidad representada por el mundo social burgués que siempre favorece la represión de los instintos y los sentimientos.

Alguien encontró a Cernuda en una pared de Lisboa

Alguien encontró a Cernuda en una pared de Lisboa

Luis Cernuda Bidou era un excelente poeta y un ser sensible que tuvo que vivir la mayor parte de su vida lejos de su país y de sus referentes. Se consideraba a sí mismo como “un naipe cuya baraja se ha perdido”
Fragmento del poema “Donde habite el olvido”

“Donde penas y dichas no sean más que nombres,
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
Disuelto en niebla, ausencia,
Ausencia leve como carne de niño.

Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido.”

Últimos versos del poema “Te quiero” del poemario “Los Placeres prohibidos”

“Pero así no me basta
Más allá de la vida
Quiero decírtelo con la muerte
Más allá del amor
Quiero decírtelo con el olvido”

CINE Y LITERATURA: “EL ULTIMO DE LOS MOHICANOS” ALGO MAS QUE UN LIBRO DE AVENTURAS

James Fenimore Cooper, nació en New Jersey el 15 de setiembre de 1789, ayer hizo 226 años. Fue novelista, escribió libros de viajes y fue crítico social. Llegó a publicar treinta y cuatro novelas de aventuras, ambientadas en los pioneros del Nuevo Mundo y en sus enfrentamientos con los indígenas, los conocidos como “pieles rojas”. Las más destacadas fueron “La pradera”, “El trampero”, “El cazador de gamos”, “Los pioneros” y por encima de todas ellas, la que traemos hoy aquí y que fue llevada al cine en varias ocasiones “El último de los mohicanos”.
Los mohicanos se extinguieron ante los avances “o ante lo que podría llamarse la irrupción de la civilización… De todas las tribus nombradas en estas páginas sólo perduran algunos individuos medio civilizados de los oneidas, en las reservas de su gente en Nueva York. El resto ha desaparecido”. Estas palabras entrecomilladas pertenecen a la más bella obra de aventuras (El último mohicano) de Cooper.

Una edición antigua

Una edición antigua

Para comentar la obra literaria, transcribimos un fragmento del artículo que Joaquin Estefanía le dedicó en el periódico “El País” el 2 de mayo de 2004:

La primera cuestión, como tantas veces en la sociedad moderna, es saber si esta historia de amor, de la naturaleza considerada como riesgo, de viajes, traiciones y lealtades ha sido más conocida por la lectura del texto de Cooper o por la película de Michael Mann, estrenada en 1992 (con Daniel Day-Lewis de protagonista, como Ojo de Halcón). Y a continuación, cuál de las dos herramientas de comunicación es superior. Leída hoy la novela y vista hoy la película no cabe duda de la supremacía de la primera, a pesar de la dignidad de la última (que utiliza la esencia del argumento, no su literalidad). El último mohicano es literatura de la grande. Es difícilmente comprensible para el lector de ahora la polémica de antaño sobre la calidad de Fenimore Cooper . Éste debe su fama a los relatos de aventuras ambientadas en las luchas entre los indios y los pioneros norteamericanos, de los que El último mohicano no es sino el ejemplo más notable. El espía, Los pioneros, El tramposo, El cazador de gamos son otros ejemplos de este hermosísimo género de aventuras que precede a las historias del Far West y se compara en igualdad de condiciones con las de piratas, espadachines, bandidos, etcétera. Alabado por autores como Joseph Conrad, D. H. Lawrence o Herman Melville, se encontró con la enemiga de Mark Twain, que trató de ridiculizarlo. Es difícil compartir el juicio del gran Twain leyendo El último mohicano. Cooper resulta antipático si uno se refiere a su ideología conservadora, esnobista y antidemócrata, pero en cuanto a sus novelas y relatos hay que recordar (para equilibrar la mala impresión de los que siempre creerían a Twain en materia literaria) que cuando Frank Schubert moría, pedía que le trajeran más libros de Cooper.
Primero Cooper y otros grandes, como Jack London, y en tono menor, autores como Zane Grey, Karl May o Stephen Crane recuperan las andanzas de tramperos, descubridores de oro, trineos conducidos por perros, ovejeros o vaqueros, pioneros en ocupar las tierras del Oeste… en un tiempo en que ya han dejado de existir para volverse leyenda. Novelas que entusiasmaban a los lectores de la novela de barba larga, que eran nostálgicos de otros tiempos que no volverían.
El último mohicano está ambientada en el territorio de los Grandes Lagos. La trama se desarrolla en 1757 y es el viaje entre dos fortalezas del bosque, los fuertes Edward y William Henry (en honor de los dos príncipes favoritos de la familia reinante en Inglaterra). Es una novela de personajes: el último mohicano, Uncas, y su padre, el guerrero Chingachgook; Hawkeye (denominado Ojo de Halcón por su proverbial puntería); Alicia y Cora, las dos bellas hijas del comandante inglés; el traidor hurón Maquas, todos ellos inolvidables. Y la naturaleza, tratada como un personaje más; como dijo el propio Cooper, una de las características peculiares de las guerras coloniales en Norteamérica fue la necesidad de afrontar las fatigas y los peligros de la naturaleza antes de presentar batalla al enemigo. Bosques inmensos, impenetrables en apariencia, separaban las posesiones hostiles de Francia e Inglaterra.
El último mohicano inaugura la tradición de la novela de aventuras en el Oeste americano. Su extraordinaria literatura sigue hoy vigente. Y también el mito del último indio. Cooper lo describe en uno de los últimos párrafos de su libro: “Muchos años transcurrieron hasta que el triste relato de la joven blanca y el joven guerrero mohicano dejó de amenizar las largas noches y las tediosas marchas, o de animar a los guerreros jóvenes con el deseo de venganza”. ¡Qué melancolía!”

Carátula de una de las versiones para el cine silente

Carátula de una de las versiones para el cine silente

En cuanto a Hollywood, escogió el tema de Cooper en cinco ocasiones: tres versiones mudas (1912, 1929 y 1932) y dos sonoras (1936 y 1992)
Nos vamos a referir a la última versión, la de Michael Mann. Es film de aventuras muy bueno, en sí mismo, estupendas interpretaciones de todos los actores y actrices, filmada en espacios naturales auténticos y con una música de Trevor Jones extraordinaria, no obstante esta versión, al contrario que las anteriores no respeta demasiado literalmente la obra de Cooper aunque si la esencia y algunos de los temas principales como la tristeza por la extinción de las razas nativas, el inevitable triunfo de la civilización en su enfrentamiento con lo natural pero también lo rápidamente que surge lo salvaje en los resquicios que la civilización le otorga en su avance imparable.

Carátula de la primera versión sonora

Carátula de la primera versión sonora

“El último mohicano” se mantiene como una de las novelas universalmente más conocidas y leídas, influyendo en la manera como la cultura popular ha captado tanto a los “pieles rojas” de la Costa Este y Cánada, nada que ver con los indios de las Grandes Praderas, como a la historia de los inicios de los Estados Unidos como nación. La imagen idealizada del Frontiersman, fuerte, audaz y siempre ingenioso (como el protagonista Natty Bumppo llamado por los indios “Ojo de Halcón”), así como el noble “piel roja”, estoico y sabio (como Chingachgook) deriva de la caracterización de Cooper más que de ninguna otra fuente.

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La historia de Cooper ha sido llevada a todos los terrenos mediáticos, teatro, cine, comic, televisión, radio e incluso una ópera. Se trata de un tema universal.

Un fotograma de la película de Michael Mann

Un fotograma de la película de Michael Mann

ANTONIN DVORAK: UN COMPOSITOR NACIONALISTA BOHEMIO

Hoy, día 8 de setiembre, conmemoramos el nacimiento, hace 174 años, de uno de los principales exponentes de la música nacionalista europea. Antonin Dvorak nacía en la región de Bohemia, el año 1841 en un pequeño pueblo al norte de Praga: Nelahozeves.

Partitura original de Dvorak

Partitura original de Dvorak

Dvorak interpretaba con diversos instrumentos: órgano, violín, viola y piano, pero es mundialmente conocido por sus composiciones. Enseguida compuso sus primeras sinfonías imitando modelos románticos especialmente a Mendelssohn, pero más tarde, Dvorak se alejó del influjo de compositores de éxito como Liszt y Wagner y desarrolló un estilo más clásico. Fue entonces cuando comenzó a utilizar elementos del folclore de su país. En sus obras incluyó los ritmos sincopados de las danzas populares: mazurkas, dumkas y sparcirkas se encuentran en sus populares “Danzas eslavas” que compuso a los 37 años.
Paralelamente, Dvorak componía obras religiosas (su Stabat Mater es magnífico) y para conjuntos de cámara, sin olvidar las sinfonías de las que llegó a componer hasta nueve.
En la última década del siglo se trasladó a los Estados Unidos donde estuvo unos años como director del Conservatorio de Nueva York. Allí también escribiría algunas de sus obras más conocidas y curiosamente también inspiradas en melodías populares, en este caso no bohemias, sino americanas con reminiscencias de los cantos espirituales negros y de las melodías de las plantaciones del sur de los Estados Unidos. Su última sinfonía, la novena, conocida universalmente como la “Sinfonía del Nuevo Mundo” es un reflejo de su habilidad para captar la música popular y trasladarla al universo sinfónico.

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Su talento le permitió brillar en diferentes campos musicales pero especialmente en la composición orquestal ya que, además de sus sinfonías escribió poemas sinfónicos, oberturas de concierto, rapsodias y conciertos para instrumento solista. Dvorak ha sido considerado como un sinfonista formalmente al estilo de Brahms, pero de sonido wagneriano.
Después de la experiencia americana, regresó a su país y en sus últimos años se dedicó especialmente a la ópera (Russalka) y a los poemas sinfónicos (El hada del mediodía o La rueda de oro)
Antonin Dvorak falleció en Praga, a los 62 años, y es reconocido como uno de los principales músicos de su época y especialmente de su país, a pesar de que en su obra se diera una cierta contaminación entre la música tradicional popular y la música sinfónica alemana de Brahms y Schubert.

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En su ópera “Russalka”, Dvorak nos dejó una muestra extraordinaria de su talento, con la espléndida “Měsíčku na nebi” (Song to the moon) una canción que interpreta la soprano letona, Kristine Opolais en el video grabado en el Festival de Ópera de Ogre, Latvia, el 26 de julio de 2008 y que se incluye a continuación, cuya letra en castellano es la que sigue:

Luna, que con tu luz iluminas todo desde las profundidades del cielo y vagas por la superficie de la tierra bañando con tu mirada el hogar de los hombres. ¡Luna, detente un momento y dime dónde se encuentra mi amor! Dile, luna plateada, que es mi brazo quien lo estrecha, para que se acuerde de mí al menos un instante. ¡Búscalo por el vasto mundo y dile, dile que lo espero aquí! Y si soy yo con quien su alma sueña que este pensamiento lo despierte. ¡Luna, no te vayas, no te vayas!