RECORDANDO A “COUNT” BASIE, UNO DE LOS REYES DEL SWING

En la década de los 30, surgió en los Estados Unidos un tipo de música vinculado con el jazz que se desarrollaba a través de orquestas grandes en contraposición con los pequeños grupos o solistas. Fue la era dorada de las big bands y se mantuvo en plena actualidad por todo el mundo hasta después de la Segunda Guerra Mundial. El tipo de música que desarrollaban se llamaba swing. En la década de los 50 empezó su declive aunque se ha ido manteniendo en el tiempo con altibajos hasta nuestros días, si bien de una manera muy minoritaria. Eran orquestas muy caras de mantener ya que el número de miembros oscilaba entre 15 y 30.

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PORTADA DE UNA DE SUS GRABACIONES

De las big bands de le época gloriosa salieron proyectados a la fama un gran número de vocalistas e instrumentistas que posteriormente desarrollaron una carrera exitosa como Frank Sinatra, Billie Holiday o Sarah Vaughan entre otros vocalistas e instrumentistas tan importantes como Charlie Parker, Miles Davis o Dizzy Gillespie.

En la música se reflejaba perfectamente el racismo imperante en los Estados Unidos, sobre todo en los años 30 y 40 y esa situación se vivía especialmente en las big bands. Había orquestas blancas para blancos (Artie Shaw, Benny Goodman o Tommy Dorsey) si bien no tenían inconveniente en incluir solistas negros a pesar de sufrir conflictos por ello y orquestas negras para negros (Count Basie, Cab Calloway o Duke Ellington) éstas más vinculadas al blues que las blancas.

CARTEL ANUNCIANDO UAN ACTUACION EN DIRECTO

CARTEL ANUNCIANDO UNA ACTUACION EN DIRECTO

Hoy recordamos una de las mejores y más estables big bands de las formadas por un director y miembros de color, la de Count Basie, aprovechando que hoy día 21 de agosto se cumple el aniversario del nacimiento de su director William (Count) Basie en New Jersey en 1904.
Su orquesta, cuyo origen se encuentra en Kansas City en 1929, fue una de las más influyentes durante muchos años, solo superada por la de Duke Ellington.

Count Basie era pianista y organista y su arte se desarrolló a través de su orquesta como director, compositor y arreglador siempre en el ámbito del swing y del jazz tradicional. Grabaciones, películas y giras que no dejó de realizar hasta su muerte en Florida en 1984 nos permiten apreciar su arte y su estilo personales.

BASIE CON BILLIE HOLIDAY

BASIE CON BILLIE HOLIDAY

Con su orquesta acompañó a vocalistas de primer nivel como Frank Sinatra, Billie Holiday, Sammy Davis Jr. o Ella Fitzgerald.

Y CON SINATRA

Y CON SINATRA

En este video correspondiente a una secuencia musical de la película “Reveille of Beverly” de 1943, se puede apreciar swing en estado puro con la orquesta de Count Basie interpretando una de sus piezas, el clásico “One O’Clock Jump”. Un swing sensacional.

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NO QUEDAN CHICAS SALVAJES

 

… y tú me das a escoger entre dos vertederos y yo escojo el de Vallecas y esperando allí la hora mágica yo te digo, voy a Tánger en busca de Saint-Exúpery, el del Principito, ¿conoces el pasaje del zorro? Y tú me pides que te lo cuente y yo sonrío, no sé si lo haré bien, así que intento poner orden a mis pensamientos, empiezan con un rosal, tú me dijiste que el camino a mis labios estaba lleno de espinas y yo te hablé de ciertas rosas que necesitan su tiempo para abrirse y lucir hermosas y tú de rosas que se marchitan y cogí un avión y ahora estoy subida en la aureola de esta teta, la teta de Vallecas, apenas un murmullo es Madrid, apenas unos minutos la hora mágica, y trato de ordenar mi caos y explicarte el pasaje del zorro. Pues bien, digo, el principito se encuentra con un jardín de rosas y se pone muy triste porque le recuerdan a la suya, a la que él creía que era única en el universo. Entonces aparece el zorro. El principito le dice que está muy triste y le pregunta si quiere jugar con él, a lo que el zorro le replica que no puede, que no está domesticado. El principito no entiende qué significa estar domesticado y el zorro se lo explica. Entonces el zorro le pregunta al principito si estaría dispuesto a domesticarle a lo que el principito le responde: ¡venga! (yo, en este punto, me hago un poco de lío, tiro de la elipsis y voy a lo que quiero explicar). El zorro le dice que tiene que venir siempre a la misma hora, de esta manera él se pondrá contento una hora antes de la cita y así, cuando al fin aparezca, él será el zorro más feliz de la Tierra. Pero para cuando el zorro está domesticado (y aquí me lanzo al finiquito) el principito se larga, y exclamo: ¡qué cabrón el principito! Y tú dices, sí, qué capullo…

Reúno monedas para una propina en la azotea del hotel Muniria o de la pensión Tanger Inn. Abajo, el puerto y los estertores de la medina. Esta ciudad es una maricona vieja, una puta ajada. No quedan chicas salvajes en Tánger y, si las hubo alguna vez, huyeron lejos, a Casablanca, dejando a Juanita Narboni, bien borracha y bien sola, esperar el reposo en Bubana. No quedan chicas salvajes en Tánger. En esta ciudad no hay espacio para las mujeres. Alguien olvidó un cús-cús aquí arriba, posiblemente el joven soñoliento que nos muestra el hotel Muniria o la pensión Tanger Inn, lo mismo da. El almuerzo desnudo, bromean mis compañeros de viaje (son escritores, ellos). Y yo les diría, dejad ya de buscar a Borroughs y a Bowles, ¿acaso es que nadie se ha dado cuenta de que sus fantasmas ya no moran esta ciudad? Y a mi mente loca le vienen los versos de Lord Byron, un romántico, ya ves tú (we’ll go no more a roving, so late into the night), pero soy de guardarme mis pensamientos por desordenados, inagotables compañeros de este otro viaje por los océanos de mi pequeño mundo interior (y los macarrones recién comidos y mi madre muerta) Sin embargo, hace apenas unos minutos me dejé fotografiar en una habitación de sofoco al que le hubiera venido bien uno de esos tristes ventiladores que aspavientan sus aspas en el techo. Posé frente a su única ventana, con una persiana a medio subir pero la hoja echada y cubierta por una cortinita blanca y liviana, qué quieta me pareció la cortinita sin un pálpito de viento hercúleo que la inflara (no more a roving) Sucedió, apenas unos minutos atrás que esbocé una sonrisa para esa instantánea cuando el desierto desde aquí es tan solo un “mirage” y puede, puede que Saint-Exúpery jamás pisara esta ciudad.
Durante la noche, alguien me pedirá que recite aquello de “ya no vienen perros a mearse en mis esquinas, ahora paseo sola o eso escribo en mi biografía”, pero el tiempo de los réquiems ya pasó. Yo ya enterré a un marido, ya marchitó el arrayán que deposité sobre nuestra tumba. Durante la noche bailaré en esta ciudad de hombres; lo haré por tres hermanas que llenaron sus tazas de té con arena del desierto. Y serena y borracha tararearé. Solitaria en mi camino hacia el hotel para europeos donde duermo el viaje, algún joven se acercará para ofrecerme sexo, tea in the Sahara with you, tea in the Sahara with you. Bajo un cielo protector es que ahora paseo, pero eso nadie lo sabe, y me gusta cómo se espira la hache en Sahara, me gusta el desierto sin su acento.
Alguien me pregunta qué he leído últimamente. Respondo que a Chuckry, a Ángel Vázquez, a Paul Bowles y a Borroughs, naturalmente, pero que no he tenido tiempo para Mathias Énard, apenas unas cuantas páginas de su “Calle de los ladrones”. Y luego añado a la Rodoreda: me he leído sus novelas menores. Al final tuve que abandonar su lectura, confieso, me deprimían soberanamente: “m’he passat la vida enterrant enamoraments”, decía la protagonista de “El carrer de les Camèlies”. ¿Qué escribiré sobre este viaje?, quieren saber.

… y los macarrones recién comidos, y mi madre muerta hace ya algunos años y mi padre casado con otra y tú que te acercas descalzo y me coges de la cintura y al oído me susurras: ¿follamos? Y afuera un palomo infla el papo y corteja a la paloma y la monta, con este calor que hace, pienso, y me levanto la falda y te digo, sí, venga, follamos. Y lo hacemos a lo William Borroughs en esta, la siesta de la rana. Pataleo silenciosa en ancadas largas: clavada así en tu anzuelo miro al techo y en el techo no hay nada…

Le entrego la propina al joven soñoliento que nos acompaña a la puerta (que sea hotel o pensión no tiene importancia alguna, y que muera la habitación de Borroughs de aburrimiento, tampoco). Mañana compraré una fotografía antigua de Tánger, en el hotel Continental, le pondré un sello y en ella escribiré una dirección y tres puntos suspensivos. Luego, dejaré esta ciudad.

 

Ana

 

 

DE CORAZONES

 

Desde arriba oigo cómo preguntan a mi padre: avi, téns aigua? Yo me imagino al avi con su cabeza descosida y su fémur bailón acompañando a Valentina y a Alosha a la cocina, despacito, ojo con el bastón, tac, tac, tac. Cuando bajo me los encuentro allí a los tres: anda escasa esta imaginación mía. Volen aigua, me dice mi padre. Les sirvo unos vasos. Alosha, expeditivo, dice: no quiero más. Lleva una pelota blanca de baseball en su mano pequeña; el bate lo lleva Valentina. Sentamos al avi en el tresillo del porche y jugamos. Yo tiro la pelota, Alosha batea y Valentina arbitra. Mal, muy mal, me castiga los puntos a golpe de silbato; Alosha, bien. En casa de mi prima se oye llorar a Blau. La teva germana plora, le digo a Valentina. Ella se encoge de hombros. Es petita, dice con cinco años. Me siento con el señor Joaquim, el avi. Ellos dejan de jugar y desaparecen, de la misma forma que aparecieron, así, en un ¡zas!. Y en un zas vuelven acarreando una sillita cada uno y se sientan en lo fresco del porche y Alosha dice: tengo un corazón de plástico, lo dice así, expeditivamente también. Valentina informa: Blau tenía gana. ¿Dijiste un corazón de plástico, Alosha?, le pregunto yo. Sí, contesta él, y me lo voy a comer. Todos callamos. Esperamos. Él dice: me lo comeré, así mi corazón tendrá un papá. Valentina se ríe, el señor Joaquim también. ¿Alonso te llamas?, pregunta él. Y de repente recuerdo un corazón de madera que un hacedor de llaüts me regaló una vez. En él estaban todos sus anhelos incrustados, mira ves, hay una casita, una mujer embarazada, un hombre, aquí están las llaves que lo abren, parecía hermoso, el corazón, hermosos los anhelos. La muerte también estaba, con su calavera y sus tibias cruzadas, y pies y alas. Supongo que el suyo era un corazón práctico, a prueba de naufragios, no sé el mío. Vine, le dice Valentina a Alosha. Y mientras salen corriendo en dirección adónde mi prima, yo le hago una visita obligada a mi corazón que sin previo aviso ha querido escapar por mi garganta. Y ahí está.

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Ana

PARASITISMO

El 11 de octubre de 1942 mi padre anotó a lápiz esta fecha junto al tema “parasitismo” de su libro de Biología, en realidad todo el libro está marcado con fechas, muy prolijo mi padre, molt bon minyonet él con sus veinte y uno más, entonces. Googleo la fecha y me encuentro con Hitler y con Ana Frank (de los campos de concentración no hay nada): el primero viajaba en tren y ordenaba correr las cortinas para no tener que saludar a sus soldados; el día anterior, la niña en su escondite incluía una foto de como le gustaría verse todo el tiempo. Papi, le digo, ¿sabes lo que pasaba por ahí mientras tú estudiabas el parasitismo? ¿Qué nena?, abre grandes sus ojos azules. Y yo se lo leo, lo de Hitler, lo de la niña Frank y también lo de los bichos: “…mientras las relaciones entre el agresor y su presa determinan la muerte inmediata de ésta, las que se establecen entre el parásito y su huésped son de tal naturaleza que el perjuicio que la víctima sufre es relativamente pequeño o cuando menos pasa mucho tiempo antes de que sobrevenga la muerte. Más aún, parece como si el parásito tuviera gran interés en conservar la vida del huésped…”

¿Y cuántos años dices que tenía yo?

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Y le dejo reencontrarse con su libro y su juventud y me voy a hacer las manos adónde mi prima y antes le saco una foto y esto lo escribo más tarde, ahora, un 7-VIII-2015.

Ana

 

CINE Y LITERATURA: FAHRENHEIT 451

“Constituía un placer especial ver las cosas consumidas, ver los objetos
ennegrecidos y cambiados. Con la punta de bronce del soplete en sus puños, con
aquella gigantesca serpiente escupiendo su petróleo venenoso sobre el mundo, la
sangre le latía en la cabeza y sus manos eran las de un fantástico director tocando
todas las sinfonías del fuego y de las llamas para destruir los guiñapos y ruinas de
la Historia. Con su casco simbólico en que aparecía grabado el número 451 bien
plantado sobre su impasible cabeza y sus ojos convertidos en una llama
anaranjada ante el pensamiento de lo que iba a ocurrir, encendió el deflagrador y
la casa quedó rodeada por un fuego devorador que inflamó el cielo del atardecer
con colores rojos, amarillos y negros. El hombre avanzó entre un enjambre de
luciérnagas. Quería, por encima de todo, como en el antiguo juego, empujar a un
malvavisco hacia la hoguera, en tanto que los libros, semejantes a palomas
aleteantes, morían en el porche y el jardín de la casa; en tanto que los libros se
elevaban convertidos en torbellinos incandescentes y eran aventados por un aire
que el incendio ennegrecía.”

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Con estas palabras se inicia “Fahrenheit 451”, una novela de ciencia ficción publicada en 1953 y escrita por Ray Bradbury, uno de los principales autores del género en la vertiente filosófica y conceptual.

Ray Bradbury, el autor del libro

Ray Bradbury, el autor del libro

Esta novela distópica y amarga gira en torno al interés que tienen, han tenido y tendrán algunas esferas del poder en evitar que la sociedad, a la que dicen servir, adquiera cultura y educación, en otras palabras pretenden evitar que la gente piense por sí misma.
En la obra, el método que utilizan los órganos del poder es la eliminación física, por incineración, de todos los libros existentes. De ahí su título: es la temperatura en grados Fahrenheit a la que arde el papel. La labor de los bomberos, como sicarios de la administración, no consiste, en este caso, en apagar los fuegos si no por el contrario en provocarlos a base de quemar los libros como metáfora de la eliminación del pensamiento libre.
La rebelión de la gente no se hace esperar y, además de ocultar libros e incluso, en casos extremos, incinerarse con ellos, adoptan una actitud activa que consiste en que cada una de las personas contrarias a dejarse controlar, se aprende un libro de memoria convirtiéndose en eje de transmisión de la cultura para la posteridad. Toman el nombre de “hombre libro”

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La novela gira en torno a la evolución del protagonista que pasa de ser un bombero activo a uno de los miembros de la oposición salvando algunos de los libros que debería quemar.

François Truffaut, el autor de la película

François Truffaut, el autor de la película

En 1966, el director francés François Truffaut, uno de los pilares de la nouvelle vague, filmó una estimable película basada en la novela de Bradbury. En el argumento trata con respeto y cariño el texto original variando pocas de las ideas. El tiempo en que transcurre la acción, lo traslada a la época actual y no en un futuro indeterminado. Contiene algunas secuencias excelentes, como el encuentro del bombero protagonista con un libro por primera vez o el sacrificio de la anciana acompañando a su biblioteca.
No fue una película muy exitosa, al ser de difícil catalogación, no era de ciencia ficción propiamente (“2001” y “El planeta de los simios” son del 68) y tampoco se podía colocar en el catálogo de las obras que los miembros de la nouvelle vague estaba realizando en la misma época (tres años antes Louis Malle filmó “Le feu follet” y tres años después Rohmer “Ma nuit chez Maud” ambas mucho más representativas), no obstante, con el tiempo ha adquirido una cierta categoría de película de culto a pesar de que sigue siendo una gran desconocida para el gran público. No es una película de pase habitual por la televisión.

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Tanto el libro como la película son muy recomendables.