El CUENTO DEL VERANO Y ESPERO QUE ME PERDONÉIS

Queridos blogueros para entender bien el cuento vayan a la entrada titulada Oki con ojos de nácar. Un fallo lo tiene cualquiera.

Había una vez siete peces que eran hermanos. Todos tenían escamas ambarinas y ojos blancos de nácar. Se parecían mucho entre ellos aunque no eran iguales.
Vivían todos juntos en un estanque azul rodeado de margaritas, por eso les llamaban los blublu, o margaritablu cuando iban de uno en uno.
Pero un día de verano pasó algo inesperado, a uno de los peces lo pescaron, no tan solo eso, sino que una chica se hizo un collar con él colgándolo boca abajo de una cinta. El pez aterrorizado se agitó durante un rato, sus hermanos pensaron que moriría, pero no, brilló a la luz del sol como si fuera de resina. Era de resina. ¡Claro soy un Oki! Pensó. ¡Una carpa de la suerte japonesa! No necesito estar en el agua para sobrevivir. ¡Hermanos, miradme! Estoy vivo, es magnífico. Me voy con esta chica a donde me quiera llevar. Haced lo mismo. Somos Okis. Tenemos nombre, acordaros de esta palabra Okis, podemos viajar, conocer las montañas, la playa, ir a donde queramos. Repartámonos por el mundo y así el día que nos volvamos a reunir tendremos muchas cosas que explicar.
Y así hicieron, cada uno tomó su camino. Poco a poco se fueron diferenciando. Quedaba claro que no eran iguales, uno se dedicó a la poesía erótica y a recitar, tuvo mucho éxito y hasta salió en el periódico, otro vio que lo suyo eran las finanzas, siempre que podía les enviaba a sus hermanos una foto con estadísticas y ordenadores. El más rubito tuvo una crisis de identidad en Menorca y quiso convertirse en un pie de pato, pero al final no lo hizo. Otro encontró su camino cuidando perros en Lanzarote, otro añoraba mucho el agua en donde había nacido y siempre les enviaba fotos a los demás okis del mar, de las fuentes, de arroyos, incluso de los cubitos de hielo de su café, y el más pequeño de todos aprendió a dibujar y se aficionó a ir en metro y en autobús.
El tiempo pasó. Acababa el verano y llegó la hora de volver al estanque azul de margaritas. El pez del collar le pidió a la chica permiso para reunirse con sus hermanos. Quiero volver con los demás okis, le dijo. ¿Okis, dijo ella mientras se lo quitaba del cuello? ¿Qué es un Oki? Una marca de impresora, ¿no? Entonces él lo vio claro, cuando dejó de estar del revés comprendió que se había equivocado. Que no eran Okis, eran Kois. Sí, la gravedad le había desordenado las letras, ¡Que fallo! Tenía que escribir a sus hermanos cuanto antes para explicarles cuál era su verdadero nombre:

Espero que me perdonéis hermanos margaritos. El Oki no es un Oki, es un Koi. Pero para que no sea tan brusco el cambio le podemos llamar Koioki, parecido a coyote, pero en pez.
Nos vemos en septiembre.
Besos.

2 comentarios el “El CUENTO DEL VERANO Y ESPERO QUE ME PERDONÉIS

  1. Un cuento encantador, que habla amistad, de libertad y de encuentros entre cuentistas y escribidores. Y de un pez que ocultaba su nombre ¿para protegerse y espiar sin ser visto?. Besos

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