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Manos que esculpen palabras

Manos que esculpen palabras

“Los libros son objetos que construyo, del mismo modo que hago un jarrón.
Parece ridículo pero, para mi, el lenguaje es la arcilla, un material intensamente físico.
Pienso mucho en el espacio donde todo sucede, las ciudades, las habitaciones, las calles…y las esculpo o pinto con una paleta de palabras y frases. Puede sonar como que estoy loco, pero es mi modo de trabajar. No distingo el torno de alfarero del procesador de textos, todo está conectado, muchas de mis obras como ceramista proceden de lecturas de literatura, y veo la estructura del lenguaje en las formas de un jarrón “

Edmund de Waal sobre ‘ La liebre con ojos de ámbar’

(de la entrevista a Edmund de Waal en la Vanguardia Magazine 8 de julio 2012)

Herencias

 

El fantasma de Canterville

Al perder a una hija, una madre, una esposa o un hijo, un padre, un esposo, además del dolor y el vacío, toca el saqueo. Se abren puertas que, a veces, no se sabía que hubiera. Aparecen dentro de una americana, en un cajón bajo la ropa interior, subrepticiamente, entre las páginas de un libro. Un archivo de ordenador, una tarjeta de memoria, un móvil esconde objetos, fotos, correos, recuerdos que no nos pertenecen pero que debemos desmantelar, descifrar, heredar y mantener o repudiar, destruir y maldecir. Aceptar o no aceptar. ¿Debemos suponer que si están ahí es porque quién se fue quería que lo encontráramos? Puede, o quizá no le dio tiempo a ordenar su adiós. Aun así, por algún motivo estaba esperando ser desenterrado. Voluntaria o involuntariamente, ese cuerpo ya ausente, como la tinta verde del fantasma de Canterville, todavía emite señales. Se resiste a abandonarnos definitivamente. ¿Y nosotros, los vivos? ¿Deseamos recoger ese testigo? ¿No es mejor quemar las cartas de nuestros padres sin leerlas? ¿Podremos?

Pero antes de hacerlo, piensa que cuando se mira a través del ojo de la cerradura de una puerta ajena nunca se ve el paisaje entero.

La liebre con ojos de ambar

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JAMES DEAN

JAMES DEAN

James Dean se convirtió en un mito del cine cuando falleció en 1955 en un accidente de automóvil a los veinticuatro años. Había nacido en febrero del 31.
Con solo tres películas (Rebelde sin causa, Al este del Edén y Gigante) y sobre todo con su forma de ser se ganó fama de joven rebelde, tosco, introvertido y apasionado.
Se compró un coche muy veloz, un Porsche Spyder 550 al que bautizó como “Little Bastard” y con el que se estrelló en una carretera recta cerca del pueblo de Cholame, en California.
Ultimamente han aparecido algunas teorías que cuestionan aquel accidente. Al parecer hay detalles que podrían indicar que se trató de un suicidio perfectamente planificado.

JIMMY

A Tom Sheppard le empezaban a picar los ojos. El sol se acababa de poner detrás de las colinas azules en el horizonte. La eterna cinta de la carretera 5 se desplegaba ante su Ford Mustang Shelby GT350 del 69. Tom era un enamorado de los coches de los años 60. Eran fiables y cómodos, gastaban demasiada gasolina porque habían estado concebidos en una época en que el combustible era barato. Con diez dólares podías llenar un depósito de setenta litros. Actualmente, con ese dinero no llegabas ni al McDonalds más cercano. Pero era un capricho al que no estaba dispuesto a renunciar. El picor de ojos era el aviso de que sería conveniente parar. Dormirse al volante era lo último que a Tom Sheppard le podía ocurrir.
Ya había decidido detenerse en el primer motel o gasolinera con bar que encontrara cuando, al superar un cambio de rasante, vio a pocos metros una figura humana erguida en la cuneta. Levantó el pie del acelerador y el Mustang disminuyó paulatinamente la velocidad hasta detenerse completamente junto al desconocido.
El hombre de la carretera se acercó agachándose para mirar por la ventanilla. La luz del día todavía era suficiente para distinguir las facciones del desconocido. Era una persona joven y su aspecto le resultaba vagamente familiar. Iba vestido como si fuera un vaquero, camisa a cuadros, chaleco de piel, jeans e incluso llevaba un sombrero de ala ancha y un pañuelo atado en el cuello de color irreconocible.
– Me llamo, Jimmy. ¿Me puede llevar? Voy en dirección a Salinas
– OK. Suba. Aunque no le pueda llevar hasta Salinas, al menos le sacaré de este páramo –le dijo mientras le abría la puerta al cowboy
– Gracias amigo –respondió Jimmy mientras entraba en el coche y se sentaba en el asiento delantero
–Me llamo Tom –dijo el conductor mientras le alargaba la mano–, sea bienvenido a bordo.
Y poniendo la primera arrancó el Mustang a toda velocidad.
El recién llegado se arrellanó en su asiento con un suspiro y cerró los ojos echándose el sombrero hacia atrás.
Tom conectó la radio buscando alguna emisora de música country, enseguida encontró a Patsy Cline cantando Sweet dreams con su peculiar voz y empezó a silbar siguiendo la melodía.
– Pensaba parar a tomar algo – dijo Tom sin mirarle – Nos podemos tutear, ¿te parece?
– Claro, por supuesto, Tom. Para cuando quieras, yo te esperaré en el coche si no te importa, estoy reventado.
Tom le dirigió una mirada de soslayo, pensó que en ningún caso iba a dejar a aquel tipo dentro de su coche solo, pero no dijo nada. Decidió seguir conduciendo sin detenerse.
Al terminar la canción de Patsy Cline, empezaron las noticias de la noche y la cerró inmediatamente.
La oscuridad se iba haciendo cada vez más intensa. Tom empezó a dar vueltas intentando recordar de qué conocía a aquel tipo que estaba sentado a su lado. El rostro de aquella especie de cowboy trasnochado que, con los ojos cerrados, parecía dormir con la cabeza apoyada en el cristal de su ventana, le venía a la memoria una y otra vez pero no conseguía reconocerlo. No se había quitado el sombrero y éste se le había ladeado de forma ostensible. Pudo ver por el rabillo del ojo que tenía una cicatriz en la cabeza.
Tom siguió adelante por la carretera nacional 5, atravesó Santa Clarita y cuando llegó a la vista de Lost Hills se detuvo para orinar. Jimmy seguía durmiendo o al menos eso parecía. Su sombrero había regresado a su lugar natural ocultando la cicatriz. Tom no había conseguido reconocerlo. Le llamaba especialmente la atención el aspecto torturado de la mueca que siempre llevaba en la boca, se adivinaba que no era un chico feliz. Incluso con la serenidad en las facciones que el sueño procuraba normalmente, se veía un rictus de amargura en los labios y un ceño perpetuamente fruncido que daban la imagen de un ser en constante rebeldía con el mundo.
Al pasar por Lost Hills, el Ford giró hacia la izquierda cogiendo la carretera 46 en dirección a Paso Robles. Los ojos de Jimmy se abrieron de repente como si las luces de la ciudad le hubieran despertado, pero no daba la sensación de sorpresa habitual en estos casos.
–¿Donde estamos? – preguntó con voz inexpresiva – ¿Falta mucho para Cholame?
– ¿Cómo dices? Pero…¿No ibas a Salinas?
–No, yo no te he dicho que fuera a Salinas, te he dicho que iba en esa dirección, pero me quedo en Cholame
–¿En Cholame? Pero si allí no hay nada. Si son cuatro barracas en medio del desierto.
–Ya, pero es allí donde me quedo –insistió Jimmy
Tom no dijo nada más y continuó conduciendo el Mustang.
Al cabo de un rato Tom volvió a la carga intentando averiguar donde había visto aquella cara. Y preguntó:
– Oye Jimmy, tengo la impresión de haberte visto antes pero no sé donde. Es posible que tú y yo…
–No, no es posible –le interrumpió bruscamente para añadir suavizando el tono– ¿Vas mucho al cine tú?
– No, no mucho. No tengo tiempo y además no me gusta. Las pocas veces que he ido me he acabado durmiendo …pero ¡calla! ¿Tú trabajas en las películas? ¿Eres actor Jimmy?
–No, ya no. Lo fui pero ya no.
–Pero lo fuiste, entonces por eso me suena tu cara. ¿Actuaste en muchas películas?
–No, sólo en un par y además no tuvieron mucho éxito. Pero me gustó hacerlas, sí, me gustó trabajar en el cine –añadió mientras se quedaba pensativo y cerraba los ojos de nuevo.
Volvieron a quedarse en silencio mientras el Ford Mustang devoraba el espacio acercándose a la intersección con la carretera 41, la que se dirigía a Kettleman City.
Un fogonazo fue lo último que vio Tom antes de perder el sentido. Cuando se despertó, supo enseguida que estaba vivo pero no podía moverse. Se dio cuenta de que estaba en el interior de una ambulancia que circulaba a mucha velocidad y con la sirena sonando. Dos enfermeros estaban a su lado y conversaban sin darse cuenta de que Tom había abierto los ojos.
– Fíjate qué casualidad, en este mismo cruce, hoy hace cincuenta años se mató James Dean. Iba en un Ferrari o en un BMW, no sé, un coche europeo –decía el hombre de color, terminando de colgar la bolsa con el suero
– Si que es casualidad ¿estás seguro de que hace exactamente cincuenta años? –le preguntó su compañera mientras trataba de restañar la sangre que brotaba de una herida en el cuello
– Lo sé seguro, Holly, fue el 30 de septiembre del 55, eso sí, fue por la mañana pero el día es el mismo, solo que cincuenta años después.
– Es curioso que el conductor del Chevrolet no se haya hecho nada y éste por poco se mata. Y la culpa era del Chevy que giraba sin respetar el stop.
– Es que fue exactamente igual que aquella vez, ahora lo recuerdo, era un Porsche, un coche de carreras maldito, creo que Dean le llamaba little bastard o algo parecido.
– ¡Hey, Rory! este tipo esta despertando –dijo la enfermera, y añadió– suerte que iba solo. Si hubiera ido alguien con él no hubiera sobrevivido. El lado derecho ha quedado destrozado.
Tom intentó hablar pero no pudo, la mascarilla que cubría su boca no se lo permitía.
– Parece que intenta decirnos algo –apuntó Rory– ¿Le quitamos un momento el oxígeno a ver que dice?
– Ni hablar. Ni se te ocurra –dijo ella
– Jimmy, Jimmy, buscad a Jimmy –decía Tom esforzándose al máximo para gritar
– Parece que llama a su hijo. A un tal Jimmy. A ver intenta tú…Déjalo, se ha desmayado. Pobre hombre, está destrozado pero creo que saldrá de esta. Mira, Rory, ya hemos llegado. Cuidado con los tubos que se están liando.

Albert

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El último viaje de un soldado

El último viaje de un soldado

Como cualquier niña de los 50ª, crecí con el murmullo de la guerra del Vietnam* de fondo.

A diario, hablaban de ella en los informativos de radio y televisión y en los periódicos sobre la mesita de delante del sofá, o en manos de mis padres, aparecían fotos brutales de una realidad lejana. En algún lugar del mundo estaba sucediendo lo que  aquellas imágenes mostraban.

Y en algún lugar del mundo, murió un soldado al que enterrarían, junto a otros cientos, en el cementerio de algún pueblecito destrozado. La naturaleza se encargó de cubrir de verde las representaciones en madera de aquellos chicos, de aquellos hombres que, como guerreros arcaicos , reivindicaban un recuerdo de su paso por la tierra.

Cuarenta años después, un amigo galerista me regaló una de estas  tallas. Formaba parte de un lote que  había comprado a  un ‘anticuario- chatarrero’ en un pueblecito del norte de Vietnam.

Se llevó unas doscientas.El comerciante las había recogido de entre los escombros de varios cementerios: Soldados con gorras del ejercito, mujeres embarazadas, niños…Tres containers repletos de representantes de la memoria de un país.

Desde su llegada a mi casa la escultura ha estado en el salón dejándose mirar, como un objeto más.
Hace unos días, después de ver la película ‘La imagen Perdida’ de Rithy Panh  https://lilylahijadelencargado.wordpress.com/wp-admin/post.php?post=652&action=edit,  sobre la guerra de Camboya , empecé a sentirme incómoda en su presencia.  Desde su mutismo de madera el soldado reclamaba su lugar.

Ahora ya no nos mira, está en el balcón , rodeado de plantas.Mira la calle y a la Verge de la Mercè, que está justo delante.

Creo que por fin está tranquilo.

 

* ‘La Guerra de Vietnam (Chiến tranh Việt Nam en vietnamita), llamada también Segunda Guerra de Indochina o Guerra de América para los vietnamitas, fue un conflicto bélico librado entre 1959 y 1975 para impedir la reunificación de Vietnam bajo un gobierno comunista.
Participaron la República de Vietnam (Vietnam del Sur), con el apoyo de Estados Unidos y otras naciones, contra la guerrilla local del Frente de Liberación de Vietnam (Viet Cong) y el ejército de la República Democrática de Vietnam (Vietnam del Norte), respaldados por China y principalmente por la Unión Soviética.
Se produjeron entre un millón y 5,7 millones de muertos. Estados Unidos perdió 58159 hombres y 1700 desaparecidos.’ Wilkipedia

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SIDNEY BECHET Y…PARIS

SIDNEY BECHET Y...PARIS

En 1941, se realizó un experimento inédito para la época: una sesión en la que un músico de jazz interpretaba él solo seis instrumentos : clarinete, saxofón soprano, saxofón tenor, piano, contrabajo y batería. Grabó cada uno de ellos separadamente para luego unirlos en una sola pieza musical. Este alarde de virtuosismo jazzistico lo realizó en los Estados Unidos, Sidney Bechet.
Nacido en Nueva Orleans el 14 de mayo de 1897, falleció en París exactamente el día que cumplía 62 años.
Autodidacta, a los 6 años ya tocaba el clarinete y comenzó formando parte de las bandas callejeras de Nueva Orleans, las brass bands.
Los últimos diez años de su vida los pasó en Francia donde impulsó el movimiento del jazz tradicional francés y se convirtió en una celebridad mundial.

Woody Allen, también clarinetista y gran aficionado al jazz, escogió una de sus grabaciones más populares, “si tu vois ma mère” para las primeras imágenes de su película del 2011 “Midnight in Paris”. Una mirada deliciosa de la ciudad-luz acompañada por la música de este clarinetista inolvidable.

Testamento vital

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Su vida se ha llenado de nombres comunes. Si yo saludo, hola, mamá, soy Gera. Ella contesta, hola, hijo. La niebla de la vejez borra lo propio. Nadie nos prepara para ello. El único aviso es esa terminación: ez, tan soez. Ya no se usa esbeltez para nombrar lo bello. Esta sociedad la esconde en residencias para la tercera edad (vaya eufemismo para lo innombrable). Solo vamos de visita y mirando al frente, no vaya a ser que nos descubramos, entre los rincones oscuros del futuro, en ese hombre arrastrando un andador con un camisón abierto por detrás que enseña un pañal impropio del que salen unas piernas casi muertas, solo un pellejo. Viejo (me gustaría escribir bien en catalán; “vell”, al menos, es un buen trampantojo) ¿Has visto qué sol hace hoy, mamá? Ay, sí, hijo.

Ya no recuerdo quién fue, no recuerdo en esos ojos perdidos a mi madre. Recorro el salón de mi infancia, escrutando las fotos, los cuadros para ver si la encuentro, pero ya no está, y estaba, lo juraría. Quizá la carcoma del olvido también me está destruyendo. Yo no quiero esto para mí, pero tampoco quiero ser Trintignant, ejercer violencia por amor, “Amour”. Haneke es implacable, y yo un sentimental. ¿Se puede elegir morir cuando ya no sabes ni su significado?  Desearía ser un elefante, intuir mi hora y dirigir mis pasos hacia un cementerio.

A veces sueño que descubren un coche tronado, abierto y abandonado en el aparcamiento todavía solitario del valle de Ordesa mientras amanece.

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SÍNDROMES

SÍNDROMES

Padezco el síndrome de encarnar todos los síndromes, en algún momento de mi vida.

Cuando me hablan del Asperger, siento que lo padezco de alguna manera. Lo soy, a veces, en la minuciosidad y el encantamiento, en el perderme en el todo y no ver lo que tengo delante de las narices, en el no entender o entender demasiado.

¡Cuántas veces he sentido el de Estocolmo! en el amor desesperado y en la añoranza de todo tipo de encierros.

Pero, en el que me reconozco más es en el Diógenes.
Mi fantasía es una existencia ‘zen’, sin apenas objetos a mi alrededor: Las paredes blancas, los muebles prácticamente inexistentes.
Mi realidad es la acumulación de objetos de todas las medidas y tamaños: libros, fotografías cerradas en armarios, recuerdos de viajes, piedras de la playa, paredes desconchadas, baldosas multicolores y ropa que me habla de otras vidas, saturando armarios! ( también los colecciono).

Pero, la sección diogenil que más reconozco, es el apartado CAJAS.
No consigo tirar una caja!, a todas les veo su que: Preciosas cajas de cartón que guardaban zapatos o jarrones, latas de galletas o chocolates, cajitas que contenían tesoros.
Cuando me las tropiezo por la casa, me quedo mirándolas… Les imagino utilidades: la caja de costura, guardar juguetes, archivar documentos, catalogar fotografías…
Pero todas las tareas ya están pilladas por otras cajas y ellas continúan entrando en mi casa y nunca salen.

¡ABAJO VUESTRO AMOR! ¡ABAJO VUESTRO RÉGIMEN! ¡ABAJO VUESTRO ARTE! ¡ABAJO VUESTRA RELIGIÓN!

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Me regalaron el libro para Sant Jordi y pensé: ¡Uf, una biografía de Maiakovski, puede ser duro! Sabía que era uno de los poetas de la revolución rusa más transgresores, pero poco más.   Bueno, lo dejo para más adelante, quizás algún día me lo lea, aunque el título y la foto de calvo-amenazante de la portada me gustaban. Lo ojeé y me enganchó la manera de empezar:

 “Maiakosvski tenía dieciocho años, dieciséis dientes podridos, dos hermanas y un solo lector. Escribía poesía lírica pero roncaba como un poeta épico”

 Al principio no fue fácil de seguir, a veces era confuso porque pasaba  indistintamente en Nueva York, Berlín, Moscú, París, San Petersburgo, y con tanto nombre ruso y tantos datos me perdía, pero poco a poco me fui metiendo en él. No sólo en el libro sino en el personaje, sí, esa es la gracia, le descubrí a él, un hombre libre, excesivo, narcisista, profundamente atractivo. Capaz de vivir en la misma casa con Lily Brik, su amante, y con su marido, uno de sus mejores amigos y seguidores. Un hombre que siempre escribió lo que quiso y lo que pensaba: “Aquello que te critiquen practícalo, foméntalo porque eso es lo más personal tuyo e intransferible que tienes” (dijo refiriéndose a la creación literaria)

         Poeta de la revolución, impulsor del futurismo, durante algún tiempo niño bonito de Lenin y Trosky.  Capaz de reventar, inventar, ilusionar a un país en ruina con su “Flauta de vértebras” y su “Nube en pantalones”, de fomentar un nuevo orden en lo político, social y personal, capaz de hacer que los marineros del Crucero Aurora desfilaran hacia el Palacio de Invierno cantando su himno:

 

Estúpidos burgueses

Atracaos de piña

Masticad gelatina

Mientras llega, ya llega

Vuestra última hora.

 

Era el himno futurista, porque en las revoluciones lo que importa es el futuro, él lo supo entender bien. Con lo que no contó fue que cuando las Señoras Revoluciones llegan a ese futuro soñado y se aposentan en él lo primero que hacen es devorar a los hijos que las parieron para que no les recuerden las deudas del pasado.

Vladimir Maiakovski se pegó un tiro en el corazón el 14 de abril de 1930 a las 10:15.

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LORD BYRON

LORD BYRON

El gran poeta romántico inglés George Gordon, conocido como Lord Byron, nació en Londres en 1788 y falleció por enfermedad desconocida en Missolonghi (Grecia) a los 36 años. Tuvo gran influencia en los poetas de su tiempo y posteriores aunque fue muy controvertido en Inglaterra por su caracter rebelde. Abandonó su país a los 28 años para no volver en vida. Su corazón y sus pulmones se quedaron en Grecia y el resto del cuerpo regreso a Inglaterra pero no lo enterraron en Westminster por haber tenido una vida demasiado escandalosa para los parámetros sociales de la época.
En su sepulcro se puede leer:

Cuando pases por la tumba donde mis cenizas se consumen, ¡oh!, humedece su polvo con una lágrima

Y uno de sus poemas más famosos es el llamado

SO, WE’LL GO NO MORE A ROVING…

Se trata de un poema muy bello, de despedida y que aparece en dos de las obras cumbres de la ciencia ficción del siglo XX. Bradbury lo incluyó en sus “Crónicas marcianas” y lo mismo hizo John Wyndham en “El día de los trífidos”
La nostalgia se destila en todas y cada una de las palabras del poema.

So, we’ll go no more a roving
So late into the night,
Though the heart be still as loving,
And the moon

For the sword outwears its sheath,
And the soul wears out the breast,
And the hearth must pause to breathe,
And love itself have rest. be still as bright.

Though the night was made for loving,
And the days return too soon,
Yet we’ll go no more a roving
By the light of the moon.

Así es, no volveremos a vagar
Tan tarde en la noche,
Aunque el corazón siga amando
Y la luna conserve el mismo brillo.
Pues la espada gasta su vaina,
Y el alma desgasta el pecho,
Y el corazón debe detenerse a respirar,
Y aún el amor debe descansar.
Aunque la noche fue hecha para amar,
Y demasiado pronto vuelven los días,
Aún así no volveremos a vagar
A la luz de la luna.